30.5.07

Faro sobre faro y hoja



Imágenes: niño

Metáfora de un hongo dolido


29.5.07

La oficina



El olor a ropa húmeda va muriendo entre los últimos y lerdos rayos del sol satánico que parece solo reinar en Guayaquil. Lentamente, para los mortales, sus jornadas laborales se proyectan como sobras en el Salado, en el Guayas o en cualquier charquito de agua enjabonada. En procesión se dirigen en busca del duelo semanal, a fastidiar al subconsciente con litros de bebida espiritosa gélida que despertará, una vez más, a las palabras dormidas, las que no aparecen en el diario vivir, las que están prohibidas por la mañana y que se expulsan por desinhibición.
Ahora todo está oscuro y la calle huele a frescura pagana, a cuerpos nuevos alimentados por el desesperante deseo aventurero. Hay fragancia penetrante de humedad y de exceso de límites.
El encuentro previo mediante la tecnología hace más corta la distancia entre los perversos nocturnos y la oficina verde. El tiempo mueve sus dedos para acelerar sus pasos. Se encuentran, se miran y sonríen, conocen sus perversidades ¿Para qué claves? Ellos saben a lo que llegan.
Ingresan como dueños a la oficina, es la hora del trabajo para el lado negro de cada uno de ellos. Aquí no hay multas por atrasos, sino premios por llegar al objetivo.
Las carcajadas estridentes del Medusa retumban en las paredes y anuncian el inicio de otro final.
Tres o cuatro latas cilíndricas encienden la metamórfosis humana, y en los perversos amigos se activa la corriente del exceso. Llegó la hora, el rancho busca eliminar las mucosas. La primera llegada al prisma duele pero no, paraliza el lado asimétrico de los cuerpos y bota una descarga de recepción de olores, sabores y colores mágicos, mientras en la calle Guayaquil se agiganta como puerto de meretrices al son del claxon de los burros metálicos y las melodías de una sola nota que enloquecen a las caderas de sexos sin rostros.
Las ideas fluyen, la lengua no para en la oficina verde. Otra lata más y la música golpea más fuerte entre los amigos perversos. Cruzan las piernas, se frotan las manos, la puerta del baño ya no parece tan lejos como al inicio. "Me toca" dice uno y las mucosas se aprestan a perder otra batalla cuando el licor comienza a apoderarse de la mitad del cuerpo abusado.
El Medusa abraza a los amigos perversos, los intenta devorar pero ya aprendieron a desenvolverse en cualquier situación apremiante. Y es que se formaron en el sucio asfalto de Guayaquil donde las amebas nunca existieron porque su pueblo jamás se dejó arrebatar ni un pedazo de su territorio. Exclusividad guayaca por pocas monedas.
La música crece en lo oídos, las luces chocan en las retinas, las voces se alejan más, las palpitaciones aumentan, el rancho no muere aún y se mezcla con más alcohol, todo se torna verde, azul, rojo, la punta del iceberg empieza a derretirse y el Medusa vuelve a lanzar sus estridentes sonidos. Es una cinta acelerada, entra el rancho y cae el líquido del tarro, una y 15 veces más, parece que no hay fin, y la música ensordece, todo va rápido, nadie habla, todos ríen, todos al baño, todos afuera, todos en todo.... Y como si te hubieran desenchufado caes en la oscuridad del abismo mientras escuchas a lo lejos Karma Police de Radiohead.
07:00 AM, tu cama era el fondo del agujero, ¿cómo llegaste? No te lo preguntes, solo apagas el despertador y laméntate porque es viernes y hay que ir a trabajar...
Peter

Postales de la Ciudad





Fotos: Verónica

Alicia bajo ruedas



Se ha incrementado la muerte por atropello de perros y gatos en las calles de guayaquil, en muchas avenidas vemos pedazos de carne que algún día cubrieron del frío al animal.

Foto: El Niño

28.5.07

Guayaquil, la gris

Si me piden un color para definir a Guayaquil, diría que es el gris. Guayaquil no es amarillamente loca ni esperanzadoramente verde, mucho menos poéticamente azul. Es gris, míresela por donde se la mire. Es una ¿ciudad? con códigos sociales grises, donde quienes no tienen auto deben someterse a un acto de humillación cotidiana ¡y pública! como es subirse a una buseta. Es una ciudad culturamente gris, donde el teatro es casi una actividad contestataria; el cine no comercial, un oasis que aún duerme en el placart de lo elitista; la música que la inunda, una asquerosa mezcla de sudor y frases agresivas, y donde los "artistas" son especie de gente underground que casi nunca asoma en los diarios.
Es una ciudad estéticamente gris, con mil pasos a desnivel como metáfora de sus estúpidas desigualdades y absurdas leyes, sin una arquitectura que la defina, con millones de adornos kitsch en sus extremidades y es, en su centro, un mundo de bullicio donde nadie puede caminar en paz. Una ciudad con demasiado cemento, demasiados autos y muy poco aire, aire mental, aire mundano. Es el único puerto encerrado del mundo. Donde los que tienen dinero se encierran y, los que no, sueñan con hacerlo.
Guayaquil es gris, es opacidad. Es soporífera, tediosa, inapetente, pesada, me adormece las ganas y las venas; me llena de histeria porque nunca puedo gritarle lo que siento a la cara, esa cara de niña que tiene, de virgen de pueblo, con ese maquillaje de cuarta y esos vestidos largos que se pone en pleno sol. Lo que más me molesta es que podría cambiar y no lo hace. Podría dejar de ser tan reaccionaria y aburrida y convertirse en una casa divertida, con muchos extranjeros y múltiples formas de vida. Una casa con gente abierta y con un gran balcón, donde puedas pasearte en bolas. Una casa con un malecón donde, en lugar de tanto M'cdonalds, simplemente puedas, en santa paz, fumarte un porrito.

Mirada Braguetera

Moto: Palabra prohibida en Guayaquil

Conducir motocicleta en guayaquil es otra experiencia especial que descubrí cuando por 1.500 dólares me compré una y no me la dieron con el ataud (como dicen los de por ahí), antes de aprender a conducir preparé mentalmente a mis compañerosa de vida, explicandole paso a paso lo seguro que me sentía conduciendo este vehículo, tenía la tolerancia suficiente para todos los que me decían que la próxima vez me iban a visitar en la tumba. La solución a este problema fue hacerlos sentir un poco culpables de lo que me sucediera argumentando que lo que digan puede resultar mala energía y me tocaría vivir sus palabras… eso resulto de repente solo tenía que preocuparme de que el bus que va por el carril derecho gire sin avisar, o que un perro depresivo se aviente inesperadamente a la calle y se interponga sobre mis dos ruedas. Tambien tengo que cuidarme de los pasajeros de algún bus porque de 2pm a 3pm les da por escupir por la ventana y yo muy agilmente tengo que esquivar los escupitajos que contienen residuos de seco de pollo o caldo de bola… o arroz con guatita o un oloroso pastel de chorizo con salsita, tambien podría contener grandes cantidades de bacterias, un poco de gripe causada por el monóxido de carbono que desprende algún bus que paso la prueba ecológica pasando algún billetito…
biba wallaquil

El Niño

No es tan malo vivir en guayabaquil

Creo que no es tan malo vivir en una ciudad donde el “caos” o la ley del más “shabroso” sea el mayor problema, o que nos alarmemos viviendo en un país donde la noticia del día es la malanoche de algún jugador de fútbol involucrado con unas “hermosas colombianas” que resultaron ser más guayacas que el encebollado. NO!, no es tan grave, todavía no hay un reprimido con el suficiente “valor” de saciar su apetito de venganza matando a todos sus compañeros por haberlo jodido todos los 6 años de colegio. Todavía podemos sobornar a alguna autoridad para hacer más facil la vida. Todavía podemos caminar tranquilos por las calles (solamente con la paranoia de ser victimas de una persona que por “necesidad” nos toma sin permiso nuestro dinero y lo consume en algún placer físico, mental o espiritual), pero estamos con la tranquilidad de que vamos a caminar cerca de alg{un edificio gubernamental y este no estallará de un bombazo causado por la ira de algún extremista.!No es tan malo vivir en guayaquil! Aparte, de lo molestoso de parar en una luz roja y estar atento a que los limpia parabrisas no realicen su duro trabajo, o preocuparse por tener 10 centavos suelto para evitar un insulto callejero.No es tan malo vivir en Guayaquil, acepto que a veces la vida es un poco dura en esta ciudad porque… soportar el sol del medio día (sobre todo los que vivimos a temperatura generada por motores que expulsan una brisa deliciosa y fría llamado mortalmente aire acondicionado); cruzar las avenidas sin utilizar el paso peatonal, conducir sin usar las direccionales; sacar al perro sigilosamente para que haga su proceso biológico en alguna esquina marcada ya por el animal sin alguien se de cuenta, esquivar a los vigilantes o a las camionetas blancas con sirena cuando hemos bebido muchas cervezas y usado sustancias psicoactivas……es una tarea de “shavidos”.No es tan malo vivir en Guayaquil, lo dificil es ser guayaquileño de cepa, es una tarea tan dificil como bailar reggeton.saludos desde el manso!!!!!

El Niño