26.8.07

¡Amigos, creámosle a la ciencia!

Este tipo que hace este estudio es candidato al premio Nobel de Medicina. No es cualquier aparecido. Tengo una idea ¿por qué no empezamos a vivir como se vivirá en el futuro????


"El mundo del futuro será bisexual"
La conclusión se basa en que se atenúan cada vez más las diferencias entre hombres y mujeres

Julio Algañaraz ROMA CORRESPONSAL
jalganaraz@clarin.com
Dentro de por lo menos tres generaciones, el mundo evolucionará claramente hacia un "modelo único" en el que predominará la bisexualidad. Lo afirmó, levantando un revuelo, el oncólogo Umberto Veronesi: 81 años espléndidos, varios matrimonios y media docena de hijos, que es uno de los más famosos científicos de Europa. Veronesi está terminando sus vacaciones en el mar y no se tiró atrás cuando varios medios de prensa italianos le pidieron evocar un tema que ha formado parte de la movida veraniega europea en playas y salones.Al diario "Il Reformista", el gran especialista en cáncer -candidato al premio Nobel que casi todos los años viaja a la Argentina a dar conferencias-, le dijo que "se atenúan las diferencias entre hombres y mujeres". El hombre no debe luchar como antes por la supervivencia suya y de la especie y produce, por tanto, menos hormonas andrógenas. La mujer, que vive una revolución que la afirma cada día en nuevos roles, también "hace" en su organismo menos estrógenos. "Los órganos de la reproducción se van atrofiando lentamente", explica.Abruptamente está en cuestión la famosa, mítica frase: "Yo Tarzán, tu Jane", que la literatura y el cine convirtieron en el paradigma de los tradicionales géneros sexuales. Ahora, con el desarrollo de la fecundación artificial y las clonaciones, el sexo no es el único camino para la procreación. Hay que recordar las hipótesis científicas y de ciencia-ficción que pronostican que antes de un siglo quienes quieran hijos propios harán fecundaciones artificiales y serán eficaces incubadoras -hoy consideradas fantásticas- las que se encargarán en nueve meses de tener maduro y listo para sus padres a lo que en nuestros días llamamos un recién nacido.Veronesi cree que el sexo seguirá siendo una realidad pero "como gesto de afecto y no como vía a la reproducción". No será ya importante si elegimos hacerlo con una persona del mismo sexo o no. ¿El resultado? Una creciente realidad del "modelo único" bisex. Pero ¿será así "professore"?Esta vez, la pregunta le fue formulada a Veronesi por el "Corriere della Sera" de Milán, la ciudad donde el científico dirige el Instituto Oncológico Europeo, un centro de lucha contra el cáncer de prestigio mundial. Con una sonrisa, pero partiendo de bases científicas, Veronesi responde que la bisexualidad "será el precio a pagar por la evolución natural de la especie humana. Y creo que el precio es positivo".El "professore" sostiene que las mujeres han asumido, en las últimas dos décadas, roles cada vez más activos en las sociedades y esto lleva "a atenuar las diferencias sexuales. Tendremos hombres menos viriles y mujeres más masculinas. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la vitalidad de los espermatozoides ha caído a la mitad", afirma. La sexóloga Chiara Simonelli, docente en la Universidad La Sapienza de Roma, entrevistada también por el "Corriere", apoyó la perspectiva de Veronesi. "Habrá una mayor libertad de los estereotipos y los prejuicios. El fenómeno está en sus comienzos. Para que tenga más consistencia deberemos esperar otras dos o tres generaciones".Veronesi dice que la revolución ya comenzó, es biológica y cultural. "Los cambios de mentalidad y las evoluciones genéticas son fenómenos que se influencian entre sí".Eva Cantarella, que ha escrito un libro sobre la bisexualidad en las sociedades antiguas, afirma que antes "no había posibilidad de tener relaciones sexuales eligiendo con quién, sino respetando determinadas reglas, concedidas sólo a los hombres". Dice que los hombres adultos podían tener relación con jóvenes "pero sólo manteniendo el rol activo". Los jóvenes, cuando se hacían adultos "abandonaban el rol pasivo". ¿Y las mujeres? "Mujeres y madres. Sólo amor conyugal".

21.8.07

Un encuentro invertido

Él la mira de frente y ella le responde. Sabe hacerlo, sabe mirar de esa forma lúbrica que atrapa a los hombres. Él le gusta, así que ha decidido tomarlo. Un par de miradas más y él está sentado a su lado, preguntándole cómo se llama y diciéndole casi al oído qué lindos ojos tiene. Ella se sabe el guión de memoria.
Vive sola, así que podrá llevárselo en cuanto tiempo ella quiera. Ellos siempre van a su casa, ella nunca a la de ellos. Está claro quién tiene el control, quien traza la cancha, quién pone las reglas del juego que empieza y termina cuando a ella le parece.
Con ese escote que deja ver el nacimiento de sus senos, ese cabello negro que resbala por sus hombros desnudos y ese culo apretado dentro de un jean, ella se siente una araña tirando la red donde caerá la presa; se siente Scarlett Johansson en Match Point, una femme fatale a la espera de hacer trastabillar a su elegido.
Y él cae como antes cayeron otros. Babea delante de sus movimientos de gata, se lanza de lleno a querer descubrir los secretos de la mujer que tiene delante. Le pregunta cosas ¿qué te gusta, en qué trabajas? Pero ella es vaga en las respuestas. Porque esto no se trata de descubrir secretos ni de darse besos demasiado largos, mucho menos de quedarse a dormir. Esto se trata de sexo casual. De ir a su cama, darle la mayor cantidad de orgasmos que pueda y luego retirarse a su vida de siempre. Solo, sin ella.
¿Él lo sabe? A ella no le importa. Sabe que en este tipo de batallas hay un código no dicho que los amantes deben conocer. Y si él lo ignora y pretende algo fuera del trato como enamorarse, ella no le seguirá el juego.
Ella lo lleva de los pelos a su mundo por varias horas. Le pide todo el placer que puede, porque sabe que no lo volverá a ver. Y él se lo da, pensando que mañana la llamará para pedirle otro encuentro nunca existirá.

Por mirada braguetera

12.8.07

Luz de Guayaquil

fotos: Niño



Carolina

La conocí casualmente en Mister Book hace como dos años. Cruzamos pocas palabras, me obsequió parte de su obra poética. No la volví a ver. Cité uno de sus versos en mi columna. Una noche, como a las dos de la madrugada, hace dos meses, dejó en mi celular un mensaje cargado de terrible depresión. Estaba a punto de acabar con su vida. Manejé velozmente hasta el lugar donde vivía. Me recibió su enamorado. Carolina, sedada, descansaba: no pudimos hablar. Apenas sonrió, agradeció. Llamé un día después, la invité a almorzar en casa.Preparé con esmero el cangrejo gratinado, el pastel de chocolate que me había pedido. Disfrutó el almuerzo como criatura. Hablamos durante horas. Me pidió tocar el piano. Cantó. Le hice jurar que nunca más consideraría su vida como una ruleta rusa ni sus venas como juguetes. Me abrazó, se fue.Un mes después recibí otra llamada. Aquella madrugada, Carolina se hallaba en terapia intensiva. Volé lo que más pude, la encontré inconsciente, conectada a un respirador artificial en medio de aquellos monitores con luces verdes que convierten la vida en señales acústicas apremiantes. Besé su frente sudorosa, sus manos heladas. Lloré como si hubiera cuidado a una hija mía. Sabía que no amanecería. Se murió a las cinco de la madrugada, todo mi ser gritó de impotencia. Me había fallado mi instinto de perro San Bernardo. Estoy convencido de que mucha gente muere porque no tiene con quién hablar en un momento preciso. Eso de salir en cualquier madrugada para ir donde gente que ni conozco me ha sucedido numerosas veces. Tuve incluso que ir, hace dos años, hasta Los Esteros. Por haberlo experimentado en carne propia, sé que podemos morir porque la persona que necesitamos en un momento preciso no es disponible o no da importancia al llamado. En otra oportunidad recuerdo la voz agitada de Pedro Valdivieso, entonces camarógrafo mío: “Hay aquí, en La Florida, una viejita de 84 años que está agonizando y quiere que la vayas a ver porque te quiere abrazar”. Hay cariños que resultan invalorables e inexplicables. Alcancé una sonrisa, un apretón de mano. Ya era tarde para las palabras. Luisa murió. “Estuve enfermo y me reconfortaste”: el humanista mayor nunca se equivocó.Mi bebé de mil años escribió versos que pertenecían a su futuro. “Ahora camino desnuda en el paraíso por primera vez sin compañía de mi cadáver”. Apenas la conocía: me duelen sus mil años. Describió su propia muerte con alucinante precisión. A veces tenemos el recuerdo de todo lo que no hemos vivido. Frente al ataúd, solo pude decir un verso de Carolina: “Ella duerme por no morir”. Solange Rodríguez hubiera añadido “descolgada brevemente del compromiso de la eternidad”. Las lágrimas brotaron de mis ojos sin que pudiera controlarlas.Pequeña hada de uñas aceradas, te peleaste con la vida, te cabreaste con tu destino, mandaste al cuerno sueños, ilusiones. Nadie puede saber lo que sucedió en tu mente, tu corazón; no diste a quienes te tenían afecto el tiempo de llegar. La muerte subió dentro de ti como trepa la temperatura; solo el amor puede vencerla porque es eterno como ella.

Por Bernard Fougéres
bernardf@telconet.net

11.8.07

Save our souls


Ver los noticiarios, husmear en internet, salir a la calle, leer los periódicos, olfatear el aire, mirar el agua o nuestra piel… todo nos dice lo mismo: estamos apurados por autodestruirnos. Somos caracoles royendo el caparazón que nos dieron. Una especie de inconscientes pedestres acabando con todo, como imagino hacen los ciclones y los tsunamis a su paso.

Nadie que se sienta humano puede ver impávido la matanza de los tiburones, la maldad turística en contra de las especies de Galápagos o la inmundicia en que hemos convertido nuestros brazos de mar. Somos privilegiados por vivir en una ciudad con brazos de mar, manglares y un río dentro de ella. Pero ¿qué hacemos? Los contaminamos, escupimos sobre ellos. Somos tan ciegos que no nos damos cuenta de que si matamos ahora la vida, solo heredaremos muerte a las generaciones que nos sucederán.

A ellos, que ahora son niños y a los que nacerán ¿qué basural les estamos dejando? Una casa llena de desperdicios donde la vida cada vez será más escasa. Mares desiertos, campos secos, selvas sin animales, ciudades convertidas en cloacas enormes donde no habrá sombra, escasez de agua, de aire puro, de humanidad.
La ignorancia y el ansia de poder de algunos nos están llevando hacia allá.

Parece que de nada sirven los carteles pegados por Fundación Natura en Guayaquil o las marchas en Quito y Cuenca por la conservación de los tiburones, cuando defender la vida de los animales no es prioridad para quienes toman las decisiones. La prueba es que ya han matado a quién sabe cuantos miles de tiburones (a muchos ni siquiera los matan, solo les cortan las aletas y los vuelven a arrojar al mar como si fueran una basura. No se dan cuenta de que la basura son ellos…) y desaparecido a quién sabe cuántas especies.

La angustia no es por los tiburones ni por el aire ni por el agua ni por los amaneceres sin humo, es por nosotros, y por los que vendrán después de nosotros. Es por no convertirnos en máquinas de destrucción, y es por recobrar un poco del sentido humano de conservación que hemos perdido.

7.8.07

Ensayo Gastronómico Guayaco




Por: Kristian Fabre
kristianfabre@hotmail.com

1.8.07

Nada cambiaría




Tus poemas eran tu arma, el último escondite
Donde no llegaban las piedras rotas ni la locura de tus zozobras
Delgada ninfa, casi adolescente, pequeña y enorme lágrima
Complejidad y abismo, dos peces sin agua eran tus ojos
El engaño del amor lo que tus párpados buscaron sin fin
Te escucho detrás de mi cornisa, y tu voz ya no es débil
Es fuerte como un río desbocado, como el cielo sordo y ciego
Te evaporaste del milagro circular al que llamamos vida, ese juego absurdo
Donde dragones hambrientos nos cazan y nos devoran
Y nos convierten en dragones muertos, sin sueños que perseguir
¿Qué cambiaría por volver a verte?
Si ahora tu melodía doliente se transformó en risa
Si dejaste de ser tinta desperdiciada por ser eternidad
Y tus pies ya no corren perseguidos por tumultos de odio
Nada cambiaría.
Porque tus ojos ahora son peces en el océano.

Carta para ellla...




Qué rara sensación la que me provocó tu muerte. La necesidad extraña de escribir una poesía, como en un momento de amor, como cuando uno se siente vivo. Pero a ti no puedo engañarte. No puedo escribir sobre amor, porque de eso no entiendo nada. Y te consta porque mis manos siempre estuvieron cerradas para ti, porque no quise nunca mirarte a los ojos, porque no quise nunca mirar hacia el abismo que ellos escondían y del que nadie pudo sacarte.
Todos lo vimos, Carolina, todos te vimos. Pero no te descubrimos, no quisimos hacerlo.Quizá porque abrir tu cáscara era complicado, porque llegar a ti no era fácil y a nosotros siempre nos gustan las cosas fáciles, porque somos simples. Nosotros somos lagartos dormidos con ocicos abiertos, atrapando sólo lo que cae en ellos y lo que podemos digerir sin que nos afecte, sin que nos haga llorar o nos cuestione. No somos hurgadores de tesoros, como eras tú. No somos alquimistas. No buscamos la piedra filosofal ni la libertad con la decisión que tú la buscabas. Nosotros nos hicimos vanales y terrestres, rastreros y egoístas, algo a lo que tú te negaste.
Nosotros dejamos de ser buscadores de sentimientos, y huimos de los seres que necesitan ese algo que no sabemos cómo dar: amor. Huimos porque les tememos. Preferimos esquivar la mirada cuando ojos como los tuyos nos indagan. Ojos que piden amor a gritos. No te lo dimos, porque no lo tenemos, Carolina. Perdónanos. No te lo di porque no lo tengo y no sé cómo darlo. Perdóname.
Hemos olvidado lo que se siente entregarse, nos hemos hecho piedras con bocas enormes que hablan sin parar de cosas que a ti poco te importaban. En cambio, tú no hablabas mucho, pero tu mirada, que todo lo decía, ahora me taladra el corazón y me parte en dos.
Tenías un par de ojos que no sabían dónde aterrizar, como un ave que vuelva en círculos queriendo hallar una pista de paz, un nido caliente. Pero volaste tanto, tan lejos te fuiste para encontrarlo que terminaste perdiéndote. Pensaste, tal vez, que alguien iría a buscarte, a salvarte, pero nadie fue. Nadie entendió tu vuelo. Nadie pudo darte un lugar dónde descansar. Por eso elegiste ir a buscar el amor en otro sitio, lejos de este mundo de lagartos dormidos, donde no hay espacio aves como tú.