13.9.07

Panita



¿Te importa? Te levantas, te cepillas los dientes, aflojas una flatulencia, la escuchas pero no te ríes, te mojas la cara, te sacudes el pene después de mear, te cepillas los dientes-desayunas o viceversa. Te bañas, te vistes y sales a realizar alguna actividad que tiene copada tu cabeza por cuatro horas. Voces que van y vienen, imágenes que pasan por tu retina y se pierden atrás del cerebro, allá donde se pone aguadito después de cada noche de destrucción: la corteza visual.
Hora de almuerzo. Más piedras y más piedras salen de las gargantas de los humanos. Cada vez son más tonterías... bla, bla, bla, bla (ropa, peinado, chisme, chisme, chisme, la abuelita, el condón, la cosita de la niña, etc). Otra vez a la rutina, es decir a la actividad que realices. Cuatro, cinco o seis horas más. Dale que dale, como lavandera en el Tomebamba dándole palo a la ropa. Todo parece comercial de tarjeta de crédito, todo es sincronizado, hasta hay una hora para las puteadas, para las lamboneadas, para las burradas. No está escrito en el reglamento interno de la actividad que haces, sino en tu cabeza. Costumbre.
Noche. ¿Mujeres o alcohol? Eso no se pregunta, se vive. La conversación mejora, ya no es el bla, bla de la tarde, la noche lo cambia todo.
Llegas a la casa, te acuestas y todo vuelve a lo mismo. Salvo que en cada intervalo hagas algo interesante que te permita ser menos o más humano, que te diferencie del resto. Eso, es eso lo que nos hace distinto, las formas de ver las cosas, de sentir y escuchar.
¿Te interesa saber que cuando pasas en tu carro o a patuela sobre el puente de Las Monjas hay un panita en medio de la mierda? No pues, si vas soplado a qué? Hacer lo mismo.
No te preocupes porque lo que measte en la mañana posiblemente llegue al pico del pajarraco de la foto y no a tu boca.