30.3.08

Todo fue un espejismo en Montañita

Frío, lluvia y la polémica política conspiraron contra el disfrute
Lo que parecía un recibimiento con un intenso Sol y olas gigantes, para los guayaquileños se convirtió en una fiesta de lodo y decepción.Ayer, Montañita no fue la madre de la lujuria, del exceso, de los pechos rebosantes y de las figuras esbeltas. Todo fue un espejismo porque el protagonista fue el abrigo. Sí, una prenda de vestir que tiene su mayor utilidad en la Sierra fue la que gobernó la mañana y tarde de ayer en el ex balneario de la provincia del Guayas. El clima (22°C) más alcahueteaba a los enamorados fugitivos que a los amantes de la vida libre.
En cada paso un charco acompañaba el reclamo de Marlon Quevedo.Él y sus primos quisieron ser los primeros en llegar al balneario para aprovechar buen clima. Pero el cielo gris de la Península les avizoró una tarde negra y abrigada. Todo se confabuló: el clima, el mar y los bañistas. "Como nunca la gente de Guayaquil no ha venido, ya es hora de que lleguen", decía David Chilán, vendedor de cebiches en la calle principal de Montañita.
La preocupación de Chilán crecía, ya que hasta las 14:00 solo vendió 5 platos de cebiches. El comunero culpa directamente a la reciente provincialización de Santa Elena. A Chilán no le importa si Santa Elena o Guayas es su provincia. Asegura que lo único que desea es trabajar como lo ha hecho 8 años en Montañita para mantener a su familia.
"Ese problema es de otro lado, a nosotros nos complica porque la gente no viene y después ¿quién le da de comer a mis hijos?", señala mientras juega con tres monedas de un dólar en sus manos."Hasta la sazón se jode por este mal genio", añade.
Chilán dice que por la provincialización la Prefectura del Guayas no pavimentó la avenida principal de Montañita. "Esto sigue puro lodo y así estará hasta que alguien venga a ayudar, lo iba a hacer (Nicolás) Lapentti pero ahora somos de otro bando".
Otras lodosas calles más adentro, Erick Euiringer Falst, un británico que llevaba debajo de su brazo una tabla de surf caminaba por la empedrada calle que dirige hasta la playa. "Ecuador... eh, playas bonitas, gente malcriada, no cuidar reserva natural", dice.
En el hostal Pacay, hasta las 14:00, los precios de las habitaciones matrimoniales seguían en 15 dólares, según Cristóbal Inga, gerente."Este feriado se puso flojo, pero se puede mejorar en la noche.Dependemos de la gente de Guayaquil, principalmente, porque todos los años nos repletan el hotel. Pero hasta ahora nada, puede ser por la lluvia", dice.
Mientras en el pueblo los pocos turistas daban repetidas vueltas observando artesanías. Dos patrulleros de la Comisión de Tránsito del Guayas descansaban en el destacamento de Manglaralto. Esto no molesta a los comuneros de Montañita. "¿A quien beneficia la provincialización? Solo a Santa Elena porque a nosotros nos espanta a la gente", indica Rómulo Soler, quien trabaja en una tienda y asegura haber perdido aproximadamente $100 solo en venta de cerveza.
Mientras de los oxidados tejados metálicos de las casas de Montañita caían gotas marchitas de agua que avisaban la partida de la gran nube negra, en la playa, Diego Menoscal y Jimmy Arce saboreaban pasteles de carne a la vez que buscaban palos de madera para encender una fogata que anime en un feriado gélido y sin sabor a prohibido como solo Montañita lo sabe trabajar.
Ayer no hubo música, el caminar de los foráneos era lento, pausado, como queriendo dejar una huella para el recuerdo o esperando al señor "rastafari" que de vuelta en vuelta hace sonar su bolsillo lleno de monedas como señal de que la mercancía nocturna y la alegría llegó, y que debe consumirse rápido.

Peter

12.3.08

Divididos


Los oidos están gastados como nunca antes. Abrumados de escuchar dos corrientes que calcinan los timpanos, dos corrientes que creen tener la razón de todo cuando la verdad está agonizando. Todos víctimas de ofertas seductoras y que sirven para reclutar mentes brillantes y uno que otro recogido por pura pena. Hasta la basura es importante es esta época de conflictos. Hay que agarrar lo que venga y no dejar nada para el enemigo, tener carne de cañón para la pelea regional porque los muertos serán muchos.
¿Se han preguntado en qué se han transformado? ¿En qué quieren transformar a la gente, a sus amigos, a su familia? Joder cuando no hay que meterse a la boca, cuando te orinas del miedo porque tu casa se cae por las inundaciones, cuando la piel podrida de llagas desfigura la imagen tierna que deben tener los llamados "futuro". ¿Para quien luchan? ¿Para quienes hacen la guerra? ¿No será para ustedes mismos? porque después de tanto joder se acostarán a dormir con su familia bien comida mientras lograron sus objetivos políticos como marionetas de otros y afuera sigue lloviendo y la gente continúa apagando sus vidas.
Porqué no caminar como antes, como cuando había una revolución propia, de buscar superación personal y de ayudar con lo poco que teníamos.
Caminar ahora es caer enfermo. Todos hablan, todos tienen la razón, todos gritan, todos matan, todos se burlan, todos son ingnorantes, todos son seres superiores con pensamientos de otro mundo.
Habrá que buscar un espacio allá donde el agua devastó cultivos, donde todavía hay calor humano y no en las calles de Guayaquil donde la congeladora política paralizó los pocos sentimientos nobles y sembró trivialidades que ahora son fundamentales para algunos.
Cayeron en el juego de las dos corrientes. Dividieron los pensamientos y sentimientos sin que se dieran cuenta, lo doloroso está por venir...

Pela el ojo que te pueden robar


La realidad de Venezuela es distinta a como la pintan en las postales
Decir "perrear" en Guayaquil es sinónimo de cortejar a una joven.O bailar reggaeton. Pero el calor de Puerto Ordaz hace que el significado de la palabra "perrear" no suene a baile, sino a transporte masivo urbano, es decir: "chamo, agárrate bien fuerte y cuidado con las entradas (callejones pobres) porque te pueden robar". Si la gente cree que en Puerto Ordaz, Venezuela, la vida es ligera, pues se "pega un vare", como dice Richard, quien perdió su trabajo como ingeniero industrial hace 8 años y aún no encuentra como profesional.
Él culpa al Gobierno Bolivariano del Comandante Hugo Chávez de su "desgracia" económica. "Yo vivía bien, era de clase media, pero ahora no tengo trabajo y tuve que comprar un carro para tener un ingreso extra en la casa. ¡Vale! soy taxista pirata y es la única manera de vivir aquí".
Ciudad Guayana es el verdadero nombre de San Félix y Puerto Ordaz, esta última es la ciudad moderna, la metrópoli, la coqueta, la mundana para los adinerados; mientras San Félix tiene mucho de Milagro, La Libertad, Pascuales y la avenida de la Perimetral: "No camine por ahí, no lo haga, por favor, le pueden robar", es la advertencia diaria a los turistas.
San Félix es la "ciudad vieja", de veredas grasosas, con acumulación de vasos plásticos y mujeres mundanas antiesbeltas -que cobran 40.000 bolívares por alegrar el cuerpo estéril de los turistas, en las cinco esquinas que rodean el Municipio de Caroní-. Acá el dialecto es directo, claro y conciso: "Chamo, pela el ojo que en la vereda de al frente te pueden robar", es una recomendación de los "rojitos", gente partidaria del presidente Hugo Chávez.
Puerto Ordaz se mueve al ritmo de la banca y de los negocios.Los empresarios y banqueros usan saco y corbata, mientras los desempleados desde 1998 visten informales a pesar de tener un título de ingeniero civil, como Richard, uno de los tantos taxistas "piratas" que deambula por la ciudad y que teme decir su apellido por una represalia del Gobierno.
"Ja, si me agarran no me sueltan", dijo Richard, uno más entre quienes están en contra del régimen chavista. Él no quiere que las populares "perreras" le ganen espacio en el nuevo mercado de turistas que se abrió desde el pasado fin de semana cuando las selecciones del Grupo B de la Copa llegaron a Puerto Ordaz.
Pero, ¿qué son las perreras?, "Chamo, si no sabes mejor no te subas", indica Rubén Ortiz, pariente (no quiso revelar) de Luis Urdaneta, ex seleccionado venezolano. Son camionetas con casetas con bancas para hasta 18 personas, que solo ingresan al sector deprimido de San Félix, allá donde el color del Orinoco es igual al del Guayas, pero que su malecón hace recordar la época más sucia del puerto.
Las "perreras" no son seguras, pero le dan un toque original a Ciudad Guayana. Este servicio cuesta entre 3 y 4 bolívares por persona (un dólar equivale a 2.144 bolívares). Si hay asalto no hay vuelto, la Guardia Nacional no se entera, como anoche cuando un ómnibus de periodistas brasileños fue asaltado frente al estadio Cachamay.
Venezuela, Puerto Ordaz o mejor dicho Ciudad Guayana, es de cuidado, pero es moderna. Puerto Ordaz en sus centros comerciales tiene un promedio de 500 extranjeros visitantes por día. Mientras la "satanizada" San Félix solo se queda con la imagen de los obesos sin camisetas, el olor a carne, pescado, fritura y con los tipos que pasan cuatro veces junto al extranjero en un tiempo récord: 25 segundos. "Si te portas comiquita te mandan una bala o una punta", testimonio de Andrés, otro taxista arriesgado que dejó su profesión por hacer carreras.
La tarifa de la carrera mínima (7.000 Bs.) desapareció por la Copa. Ahora una carrera corta no deja de costar 15 mil "bolos", pero ese abuso no es controlado. Todos quieren sacar provecho de los turistas y periodistas. Mientras en las "perreras", por un recorrido por los barrios deprimidos de Ciudad Guayana, cuesta entre 2 y 3 "bolos", con opción "a robo", dice Christian.
Vivir en Ciudad Guayana es como unir por un par de kilómetros a Guayaquil con Milagro, o alguna ciudad "satélite" en donde, al igual que Puerto Ordaz, en esta época no solo tiene que soportar lluvias, sino el enjambre de moscas.
Peter